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23 de febrero de 2010

Reloj de agua

Son las cuatro en mi reloj de agua

y el agua es a la vez Tiempo y Nada.

El Tiempo es azul

y Nada es nada.

Es tan simple que parece sencillo

llenar los minutos y las horas,

llenarlos de agua y dejar

que nada los toque.

25 de agosto de 2008

Algodón 100%

Esta mañana me despierto con el interruptor encendido. Suena la música lejana, como una tormenta que se avecina. Las nubes son pequeñas hordas de murciélagos que pretenden la noche a pleno sol, y el sol… el sol es un tambor con el cuero roto.


Me despierto lentamente, como si en realidad no quisiera despertar a nadie. La visión a ráfagas de mi pequeño mundo sólo me permite volver a abrazar la almohada, como si ese cuerpo de tela pudiera dejar de confundirme. Pero no lo hace. Yo también siento ser de algodón.

Hago un esfuerzo para no dedicar ninguna canción a nadie, pero la borrasca avanza imparable y los murciélagos acaban colgándose en las líneas del pentagrama; es imposible no ponerles nombre. A cada nota su nombre, y en medio, varios silencios... ¿Ausencia de murciélagos, o es que no hubo nadie que llenara ese tiempo?... Qué dulce mi almohada, que tanto se deja querer.

No sé el tiempo que llevo enredada entre estas sábanas, entre otras cosas porque el tiempo ha dejado de latir. Ahora no cuento con ninguna cadencia, todo se precipita o se suspende en el aire. Y en ambos casos el peso es insoportable. Y pienso, mientras te abrazo, que tienes que dejar de dolerme, mi querida almohada.

4 de agosto de 2008

Tres deseos de un trago


El genio de la botella me da las gracias por dejarle descansar enviando mis tres deseos a otra parte.

He colocado uno entre la espada y la pared, y ahí estará hasta que la espada se rompa o la pared se derrumbe, o bien hasta que el propio deseo acabe confesando su significado. A otro he logrado encajarlo entre dos libros de la estantería; ahora se siente seguro a la orilla de Kafka, pero le desalienta tener que dar cuerda al mundo después; él no es ningún pájaro, sólo el deseo de encontrar las palabras siempre. Y el tercer deseo quiere que vayamos a la cocina; es un deseo sibarita que gusta de entretenerse con especialidades; es el mismo que suele venir a hacerme cosquillas en los pies cuando estoy dudando sobre qué dirección tomar.

El genio contempla el tráfico de deseos desde dentro de su botella y no puede evitar reírse. Sólo soy parte de un teatrillo infantil.

Yo también acabo riéndome; al fin y al cabo, él sólo es un pequeño genio inventado, tan pequeño que cabe en una botella.

Foto: http://zarandeo.blogspot.com/